¿Y ahora qué?
November 29th, 2011No tengo yo por un gran gobernante a un tipo mentiroso, mediocre y pusilánime. Y esa es, sin duda, la definición de Zapatero. Por eso me ha sorprendido mi reacción ante la llegada de Rajoy al poder. En primer lugar, porque ya dije hace cuatro años que pasaría, y en segundo lugar, porque partiendo de un presidente pésimo a mi parecer, habría hecho palmas con las orejas si hubiera ganado Rubalcaba. Cómo habrá sido el acojone, que acabé votando a mi amigo Cayo Lara, y eso estando en contra del voto útil… vamos, que supongo que llego a estar más acojonado aún y voy corriendo a mendigarle a Carrillo que se presente. Claro que supongo que el miedo es normal cuando uno tiene algo que perder.
Francamente, creo que puedo estar más que contento de cómo me están yendo las cosas. Sigo conservando mi trabajo, la hipoteca se va pagando, y voy tirando en general. No me doy grandes caprichos pues nunca he sido de esos y dentro de mis normas de razonable austeridad, vivo bien. Así que con la que está cayendo, quedaría yo por poco menos que un necio, si andase lloriqueando por aquí de mi desgraciada situación. No es esa la idea, he capeado cuatro años de crack y estoy muy contento. Pero sí es cierto que, aunque haya defendido y defienda que PSOE y PP son el mismo perro con distinto collar, conforme van pasando los años, uno va percibiendo más diferencias entre ambos.
No me considero de izquierdas ni derechas y de hecho, no me gustan las etiquetas. Tengo una opinión formada sobre cuál es el mejor camino para resolver algunos problemas y sobre otros no, y dónde encaje cada una de esas soluciones me da igual. Por si es de interés del lector, la mayoría encajarían en la izquierda, supongo, aunque insisto, no me gustan las etiquetas. Así que sin ser comunista tampoco debiera asustarme mucho pues no es Rajoy un tipo de lo más siniestro como sí lo son, indudablemente, Esteban González Pons o Esperanza Aguirre. Y sin embargo estoy acojonado.
No estoy en la situación ideal para que venga la derecha, si es que hubiere algún momento en que resultara ideal tal cosa. Con una deuda importante con el banco, sin dación en pago y ante la posibilidad de que empeoren notablemente mis condiciones laborales me acojono. Si hubiera tenido 20 años y fuera libre como un pajarillo, no me habría inquietado en gran medida la llegada del silbador al poder. Pero en una situación mucho más comprometida, y ante una mayoría absoluta, me cago vivo. Ya perdonaréis mi cobardía.
Rajoy lleva en su programa un montón de vaguedades con las que ha ganado arrolladoramente las elecciones. Falta ver, entonces, en qué medidas concretas se transforman esas vaguedades. Es uno de los problemas de la mal llamada democracia actual. No quiero ni querré elegir un muñeco que haga lo que le dé la gana durante sus años de mandato. Quiero que el pueblo decida lo que debe hacerse. En estas elecciones me planteé, por supuesto, la abstención. No me vale el típico argumento simplón y demagogo de que nuestros antepasados murieron para defender nuestro derecho al voto. A los que os suelten semejante memez, ya les podéis decir de mi parte que se vayan a la mierda. Lucharon por obtener la soberanía ciudadana y decidir, así, qué querían hacer con su presente y su futuro. Y eso, ahora, no ocurre.
Divagaciones a parte, ahora volveremos a tener otro muñeco que, como mínimo, estará haciendo lo que le plazca durante cuatro años y, por si no bastara con eso, lo hará con mayoría absoluta. Naturalmente habrá protestas en las calles ante las más que presumibles putadas que nos van a hacer, pero, y aquí viene el gran problema, les dará absolutamente igual. A estos políticos, acostumbrados como están a ignorar los nobles fundamentos de su profesión, se les ha impermeabilizado ya todo, así que bajo el autoconvencimiento del deber patriota y la legitimidad otorgada por las urnas, andarán revolviendo el país olvidando que los que sufrirán o disfrutarán sus medidas son los ciudadanos. Sí, los ciudadanos, esos que pueden disfrutar del enorme privilegio de cambiar de carta cada cuatro años.
Y todo, para llegar a ninguna parte. Naturalmente, espero equivocarme y que Rajoy me sorprenda para bien. Es cierto que lo estoy juzgando cuando aún no ha hecho nada, pero creo que no podréis culparme de mirar con recelo a un tipo que no ha dicho claramente lo que va a hacer. Tiene uno el cuerno algo quemado y el instinto lo suficientemente despierto como para no esperar nada bueno.
El PSOE ha sido aplastado en las elecciones por dos razones, la primera el vergonzante número de desempleados que hay en el país. Como era previsible, las falacias que escupieron sobre el impacto que tenía la crisis internacional en nuestras cifras de desempleo, que cada vez eran más escandalosas, de poco les sirvieron como justificación. Y en 2010, vino la segunda razón, cuando al aprobar medidas de recortes sociales ya acabaron por enterrarse del todo. Ni siquiera tuvieron la inteligencia estratégica de convocar elecciones anticipadas por negarse a recortar, dejar que los otros se comieran el marrón y volver cuatro años más tarde repitiendo aquello de lo mala que es la derecha. Esa habría sido una estrategia que, aunque rastrera, les hubiera funcionado. Y no es que sea partidario de defender este tipo de trucos electoralistas, pero sí me sirve para reseñar que son idiotas, y que yo, a la gente idiota, no la quiero gobernando una nación.
Votar a la desesperada no suele traer nada bueno y muchos lo habrán hecho empujados por su propia asfixia, esperando ver algo de luz al final del túnel. Otros, sencillamente han dejado de votar al PSOE porque se han sentido engañados. Y en medio de “fan boys” de ambos partidos y gente sin capacidad crítica alguna, andamos los demás viendo como nos dan por el culo, sin descanso, estúpidos sujetos que más allá de su capacidad verborreica, poco tienen que aportar. De elegir a un gobierno con mayoría absoluta se arrepiente una sociedad siempre, más aún cuando no existen mecanismos eficaces para enmendar el error.
A Rajoy se le ha elegido para que arregle lo del paro. A la gente le da igual lo del déficit, le daría igual incluso que recortaran servicios sociales importantes. Si arreglara el tema del paro Rajoy sería reelegido con toda seguridad. El problema en mi opinión, radica en que eso no se va a producir. Aznar creó empleo básicamente construyendo una burbuja en un sector que necesita, per se, mucha mano de obra. Eso unido a la enorme demanda basada en el “baby boom”, la llegada de muchos inmigrantes, alemanes con ganas de playa y especuladores en general obró el milagro del que el tipo, aún anda pavoneándose como si hubiera algo de lo que presumir en una solución que no es sostenible, si no es a crédito.
Creo que el número de desempleados se verá reducido, como mucho, en un millón de personas los próximos cuatro años. Y creo que esto podrá ocurrir porque al haber cambio de gobierno, y estando el anterior tan desgastado, parte del dinero que está quieto podría empezar a moverse. No es poca cosa que un millón de personas encuentren trabajo, claro, pero no creo que esto sea fruto de las medidas que se tomen sino de una cuestión de confianza y por otro lado, seguramente distará del milagro que espera y ansía el pueblo español.
No niego que usar el truco de cambiar de muñeco para mejorar la confianza y por tanto, parte de la economía, puede aliviar algo al principio. Es como si en lugar de ir al médico ante un dolor fuerte, te tomas el primer calmante que encuentras por casa.
Pero ya sabemos todos lo que pasa cuando vuelven los dolores, ¿verdad?




