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Cosas mías

Resumen 2015

Ya ha pasado 2015. Y es hora de ponerse a resumir el año. Una de las razones por las que me he decidido a hacer esto anualmente, es para observar si la vida pasa rápido. Y vaya si lo hace. Parece que fue ayer que estaba resumiendo el 2014, mi primer resumen, que puedes leer aquí.

Al turrón:

– He ido a hacer snow dos veces.

– En una de esas dos veces un amigo se lesionó el hombro. Como teníamos reservado otro fin de semana en Andorra, subimos a hacer turismo (por aquello de no dejarse al colega tullido en el hotel mientras tú esquías, que está feo). Francamente, pensé que tendría más cosas bonitas para ver. El caso es que o no las hay o yo no supe encontrarlas porque volví un poco desencantado. Al final acabamos en caldea, en las nuevas instalaciones que se llaman Inuu, y ahí sí tengo que repetir. Con churri, a poder ser.

– He estado en un “weekend” salsero.

– He escrito 4 entradas que suman más de 4900 palabras. No es mucho pero no ha habido tiempo para más.

– Jugué un torneo de bolos. No tengo la clasificación pero yo creo que quedé segundo o tercero por la cola. Es verdad que jugábamos fuera de casa y que eso siempre jode un poco, pero el nivel de la gente en torneos totalmente amateur es muy alto. Joder, el nivel en casi cualquier cosa amateur es muy alto.
La bolera, por cierto, se llama Star Bowl, está en Vilanova i la Geltrú, y tengo que recomendarla. Está gestionada por gente joven que ha metido pasta en el negocio y se merecen que les vaya bien. Si podéis hacerles una visita os lo pasaréis bien y os tratarán de lujo.

– Me he gastado un auténtico pastizal este año. Sabía que iba a ser así y no me lo he pensado mucho, porque no estoy acostumbrado y de haberlo pensado no lo habría hecho. En objetos me he comprado unas cuantas cositas caras:

– Cama nueva
– Sofá nuevo
– TV nueva
– Silla de oficina nueva

– En el terreno inmaterial la pasta se ha ido en viajes. He viajado a Marruecos, Vietnam y Camboya, sumando en total 30 días fuera. El año ha ido rápido, ha sido intenso y no he tenido tiempo de digerir esto como debería, porque ahora que lo veo escrito, la verdad es que me impresiona.
Viajar a tres países en un año es muy poco para mucha gente. Pero en mi caso hasta hace nada no tenía ni pasaporte. Nunca había viajado fuera de Europa. Así que no puedo quejarme.
Me encantaría poder seguir este ritmo en el futuro, pero soy consciente de que va a ser muy complicado. En total, me habré gastado unos 3300 €. Este año porque me he vuelto loco pero los próximos no puedo gastar eso y seguir consumiendo ahorros, o se hace de forma sostenible o se afloja.
En fin, si sigo a este ritmo tendré que convertir este sitio en un blog de viajes para fardar:

– En el nuevo trabajo muy bien. He aprendido mucho, me han pagado dos cursos de formación y me he sentido libre. Libre para actuar, para pensar, para decidir, para reírme, para tantas cosas, que creo que aún no me he adaptado del todo a tanta cosa buena. Ah, y me han subido el sueldo hace nada. A ver si con un poco de suerte me sirve la subida para construir mi colchón viajero.

– He hecho cursos de salsa y bachata en dos escuelas diferentes. En 2016 seguiré buscando escuelas porque aún no he encontrado ningún estilo de profesores que me conquiste del todo. ¡Ah! y he empezado a aprender kizomba, que es algo que no había hecho antes. Ya pronto bailaré como el muchacho del vídeo:

– Subí una montaña. Una pequeñita, se llama La Mola:

La Mola, Sant llorenç del munt

No parece gran cosa y de hecho, todos los que vivimos por la zona la hemos subido varias veces sin problemas. Pero la gracia del asunto está en que la vez a la que ahora me refiero, la subí con mi madre. Con mi madre, sus 70 años, y su coño moreno, que también se empeñó en subir.
Menudo drama. Se cayó dos veces, y al llegar a la cima sus piernas dijeron que habían caminado bastante. Al bajar, cuando nos veían escoltarla para que no se cayera ni hubiera males mayores el resto de montañeros nos miraban con cara de desaprobación. Teníamos que llevarla totalmente frenada porque si no cogía velocidad y no había quién la parara. Al final acabamos llegando a bajo vivos y sin rompernos nada. Fue un auténtico “show”.

– Este año he hecho más turismo por Cataluña que de costumbre: Han caído Mura, Girona, la zona de “Castellar D n’Hug” y un trozo del “Camí de ronda“. Espero seguir con esta costumbre siempre porque hay mucha belleza a mi alrededor y es tontería perdérsela.

– He hecho muchas fotos y creo que no me han quedado mal del todo, así que mi afición a la fotografía nacida el año pasado, parece que se va consolidando. Aún y así, aunque me gusta, tengo que aprender mucho todavía porque noto que empiezo a hacer siempre lo mismo y no puede ser.

– He ido a una boda, con dos aspectos reseñables. ¡El primero es que jugué a bubble football!:

El segundo es que al novio se le hizo una despedida estándar, con putadas varias por las calles de Barcelona y striptease. Lo de las putadas sigo sin verlo si organizo otra despedida. (Ver despedida organizada por mí el año pasado).
Lo del striptease sí me gustó más. Nunca había estado en una despedida estándar y la verdad es que ver a unos 20 tíos emitiendo sonidos guturales, no es muy gracioso, pero reconozco que ver a tu amigo avergonzarse entre los pechos de una desconocida sí lo es. Si organizo alguna vez otra despedida mucha putada no habrá, pero striptease casi seguro.

– Tuve un cólico nefrítico. Ha sido el segundo de mi vida y espero que sea el último. Esta vez ha sido un poco más suave. Primero porque ya sabía de lo que iba el tema, y pude arrastrarme a urgencias como pude en cuánto me di cuenta de la tostada. Y segundo porque eché la piedra o la arena muy pronto.
La primera vez que sentí ese dolor tuve la sensación de haber reventado por dentro, y además tardé tres días en echar el producto.

– Me he hecho donante de médula ósea. Tengo un par de amigos que lo son, y una en concreto hizo campaña a favor de la causa. Me informé un poco sobre el asunto, y tras entender que no debería haber riesgo para el donante, lo hice. No sé si tendré que donar, las probabilidades de encontrar una persona con la que seas compatible son bajísimas, aproximadamente de 1 entre 40.000) pero me gustaría tener la oportunidad de hacer la donación efectiva.

Cada uno hace con su cuerpo lo que quiere pero ya que estoy voy a hacer un poco de campaña yo también.
Imagina que hubiera alguien en el mundo que sólo pudiera tener posibilidades de superar alguna enfermedad grave con tu sangre. Imagínalo. Que sólo tú fueras compatible. Imagina que esos enfermos sólo pudieran saber que existe una salvación para ellos, mediante un registro internacional de donantes.
Pues ahora piensa que donar médula ósea es como donar sangre, que no vas a quedarte tetrapléjico y que tus tejidos se regenerarán. Toma conciencia de que hay una pequeñísima parte de tu cuerpo que no necesitas, y que puede ser vital para que otro ser humano siga viendo amaneceres.
Mucha gente confunde la donación de médula ósea con la donación de médula espinal. Yo mismo estaba confundido, por eso no me había hecho donante aún y considero que en la medida que podamos, debemos derribar entre todos ese mito.

España tiene muchos fallos, muchas cosas que mejorar que hace que muchos nos desesperemos, pero no todo es malo. Es, por ejemplo, el primer país del mundo en donación de órganos. Sin embargo, en el caso de la médula ósea es, según datos de 2013, el 7º por detrás de países como Francia, Portugal, o Alemania, que es la que lidera el ranking.

Ya sé que no vivimos en el país más ilusionante en estos momentos pero… ¿en serio me estás diciendo que vas a dejar que nos ganen los alemanes? ;)

Feliz 2016 a todos :)

P.D: Dejo un par de enlaces para informarse sobre la donación de médula ósea (son de la fundación Josep Carreras, que es la entidad encargada de gestionar el registro de donantes en España):
– La donación de médula ósea
– Preguntas frecuentes

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La dignidad del pobre

La dignidad del pobreFoto original de Javier.

Al contrario que los niños de ahora, nunca tuve una relación muy cercana con mis abuelos. A unos los tenía a 1000 km de distancia. Íbamos a verlos cada verano unos quince días y todo sea dicho, verlos no era el principal aliciente para mí.  Me motivaba más visualizar las inolvidables aventuras que iba a vivir con primos y amigos, en un desfile continuo de gañanadas y brutedades que me hacían disfrutar como a un chino.

A los otros, íbamos a verlos una tarde cada dos semanas y de los dos, mejor dicho de mis cuatro abuelos, de quién tengo mejor recuerdo es de mi abuelo Manuel. Visitarlo era siempre parecido. Al llegar, tras saludarlo, apartaba la vista de la lupa con la que sus ojos cansados alcanzaban a leer el AS, que compraba a diario, nos daba dos besos y una vez consideraba que ya te habías situado en su casa, te miraba haciéndose el interesante y te decía:

“Esto es una señora que tenía un perro que se llamaba Mistetas y un día se le perdió el perro y le preguntó a un señor:
– Perdone, ¿Ha visto usted a Mistetas?”
– No, pero me gustaría verlas.

Y luego se partía el culo sonoramente. Muy sonoramente.

Después, si no te reías o al menos no lo hacías tan ruidosamente como él te miraba muy serio y te decía:

“¿Lo has entendido?” “O sea, representa que el perro se llama Mistetas, pero el hombre se pensaba que se refería…”

Y volvía a partirse el culo.

No importaba demasiado que ya te hubiera explicado ese chiste o cualquier otro treinta veces. La entrega que ponía en la tarea era tan grande, que al final te tenías que reír.

Además de explicar chistes, la rutina de jubilación de mi abuelo contemplaba caminar cerca de hora y media al día, leer el As como ya he dicho antes, sentarse en la puerta de su casa sobre su silla favorita, hablar con la gente y ver la tele. No escalaba montañas, pero tampoco está mal teniendo en cuenta que todo esto lo hacía con ochenta y pico años.

Yo sabía muy pocas cosas de la vida, pero desde luego tenía claro que de mayor quería ser como él.

También explicaba batallitas y francamente, no las recuerdo. Entre su gusto por repetir historias y su dicción castigada por los años, en muchas ocasiones no le prestaba atención. Ahora le preguntaría muchas cosas, sobre su vida, sobre la guerra civil, sobre tantas otras cosas que me interesan. Trataría de entender un poco de dónde vengo y a dónde voy. Sé que él, estaría encantado de tener un oyente atento a quién explicar su vida con detalle. Pero no lo hice, me limitaba a hablar con él del madridismo que por entonces compartíamos.

Pero hubo un día, sólo uno, que me explicó una historia que aún hoy recuerdo.

Me explicó él, mi abuelo, que muchos años antes se encontraba en el cortijo que labraba, cuando vino el dueño del lugar y le dijo:

- Manuel, he visto una cosa
– Dime, qué has visto
– El otro día me di cuenta de que los tomates que me habías dado para llevarme estaban peor que los que te llevaste tú

Le explicó entonces al terrateniente, mi abuelo, como hizo más tarde conmigo que así había sido, y así iba a seguir siendo:

“Claro, yo a ti siempre te daré cosas que estén muy bien, pero mientras sea yo el único que cuida esto, lo mejor de lo mejor es para los míos”.

Aquello me hizo pensar: ¿Quién tenía razón? Mi abuelo trabajaba allí, cierto, pero no eran suyos los frutos de aquella tierra. ¿O sí?.

Educado como estaba en la obediencia absoluta, para mí fue un “shock”. No le hice más preguntas.

Me gusta imaginarme la escena al estilo de “Los santos inocentes“, con el señorito mirándolo altivo, creyendo que es de su propiedad y sorprendido al ver como se rebela el que hasta entonces creía su perro fiel.
Lo imagino algo inquieto, también, sabedor del riesgo que supone putear al hombre de metro ochenta, espalda ancha y manos fuertes, que tanto sirve para llevarte la comida a casa, como para demostrarte que no tiene intención de pedir permiso para hablar, ni perdón por existir.

No tengo ni idea de cómo acabó aquello, si no se habló más del asunto o si se acabaron diciendo alguna que otra cosa fea. Sí sé, que aquellas manos castigadas por el sol, la lluvia y el viento, siguieron trabajando intensamente, tanto como hizo falta para que sus siete hijos tuvieran lo justo para crecer sanos y fuertes, entre ellos la mujer, que me trajo a la orilla desde la que se parte hacia los sueños.

Años más tarde, con mi abuelo ya muerto, y aunque sea mucho más joven que él, a veces soy yo el que explico historias. Como esa en la que una tarde cualquiera, estaba en una sala de reuniones, porque tenía que comentarle un asunto al dueño del que era mi lugar:

“Verás, me he dado cuenta de que hay algunas cosas del convenio que no se están cumpliendo…”

Esa historia que continúa con los chantajes y amenazas esperables, de los que creen que pagar nóminas significa tener esclavos.  Y con el juego sucio, que duró lo suficiente hasta que comprendió al fin, mi señorito, que soy algo difícil de domesticar.

Fue entonces cuando me despidieron. Por no rendirme, por negarme a ser propiedad de nadie. Por pelear y mantener lo que otros, defendieron antes por mí.

No conozco a la abuela de mis nietos, no me gusta caminar y tengo una pésima memoria para los chistes. No sé qué será de mi vida, si llegaré a los ochenta y pico, si seré feliz. Si recuperaré el madridismo que entonces compartimos.

Puede que siga sin saber grandes cosas, pero sí sé que en el futuro, podré mirar atrás y saber que en una de las mayores crisis de la historia, fui capaz de reunir algo de valor para defender lo que es justo, mientras otros muchos sólo tuvieron tiempo para revolcarse en su propio miedo.

Me gusta reírme.
Mido metro ochenta.
Yo tampoco soy Paco “el bajo”.

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Resumen 2014

2014 ha sido el primer año en el que me he puesto objetivos. Algunos los he podido cumplir, otros no, pero he pensado que más que hacer balance de los objetivos sí podía ser buena idea hacer un resumen general de cómo ha ido todo. Así puede uno hacerse a la idea de cómo está yendo la vida.
Es probable que este año ya no me guste la idea y no lo haga, pero de momento, vamos a por ello:

– Empecé el año comiéndome las uvas en una piscina climatizada con buena compañía. Fue la primera vez que no empezaba el año con mi familia y … no fue una experiencia desagradable del todo ;)

– He ido dos fines de semana a hacer snowboard. La primera vez que me subí a una tabla fue en 2013. Lo pasé tan mal que le juré al señor que, si evitaba que pisara de nuevo el infierno blanco, daría toda mi fortuna a los niños de África. Pobres niños de África.

– He tenido tres problemas de aguas en casa:
El primero llegó de noche. Estaba yo tan tranquilo sentado en mi súper sofá cuando de pronto veo como empieza a caer agua a saco por el techo de la cocina. Y del techo de la cocina, a los muebles, y al mármol, al suelo, y a todas partes. Subí corriendo a avisar al vecino, bajó, miramos el problema, achiqué agua, llamé al seguro, vinieron técnicos, peritos, más técnicos, más peritos… hasta que quedó el asunto arreglado.
Mi hogar es muy humilde, feo, y no me ilusiona demasiado, pero estoy hecho a él. Sin embargo, tras descubrir que uno de los baños de mi vecino está encima de mi cocina, y que estas viviendas las ha construido un equipo de mancos retrasados, ya no me sentía demasiado en casa al cruzar la puerta.

Aún y así, un més más tarde, ya estaba bastante reconciliado con mi hogar y volvía a sentirme a gusto en casa. Fue entonces cuando a las 16 horas de un día laborable me llama el administrador de la finca y se produce la siguiente conversación:

- Administrador: ¿Pepito?
Yo: Yo mismo, dígame.
– Administrador: Soy nombreAdmin, el administrador de la finca de la comunidad.
Yo: Ajá, dime.
– Administrador: Verás, tendrías que venir, se ha inundando tu casa.
– Yo: ¿Cooooooooooooomooooooooooooooo? What do you say my friend?
– Administrador: Eso, que se ha inundado tu casa…
– Yo: Pero… ¿en serio? ¿Mucho?
– Administrador: Bastante, se ha escapado mucha agua, ha caído al párking… En cuanto nos han avisado hemos ido.
– Yo: ¿Y como sabes que es mi casa? (queriendo creer aún que no me había pasado a mí).
– Administrador: Pues porque hemos entrado al portal para cerrar la llave del agua de tu casa.
– Yo: Joooooooooooooderrrr
– Administrador: Vente y mira daños y eso, a ver como está, no te preocupes que ya lo hemos parado.
– Yo: OK

Y fui a casa, y evalué el panorama. Se había reventado el latiguillo del agua caliente del lavabo. El lavabo estaba lleno de agua caliente, el baño estaba lleno de agua caliente. Y el pasillo, y el salón… toda la casa. Un dedo de agua quedaba a pesar de todo lo que se había escapado a la calle, al portal, al parking…

Mueble baño inundado

Puertas después de inundación

Suspiré un poco, maldije otro poco… y cogí el mocho, de nuevo. Achiqué agua. Cuando a fuerza de mojar y secar la fregona tenía mi casa sin agua bajé al parking. Y seguí achicando. Cerca de las dos de la madrugada pude acabar e irme a dormir. Suspiré un poco más.

La tercera vez, de nuevo un mes más tarde, no fue un problema sólo de aguas. Fue algo más sólido. Estaba en la cocina cuando vi como en el suelo había gotas de agua marronosa. Supuse que se trataba de algún resto de suciedad que había sido arrastrado por el agua en los otros siniestros. Pero unos días después de limpiarlo… volvieron a aparecer más gotas.
Mosqueado, saqué el foco de la cocina, metí la mano e hice unas fotos por arriba al techo de PVC. Lo que vi preferiría no haberlo visto. Había otro problema que se llevaba produciendo desde hacía tiempo. Pequeñas filtraciones de sustancias que, como decía, no eran del todo líquidas. También provenientes del baño del vecino. Esta vez suspiré ya un poco más fuerte. No podía ser, otra vez peritos, técnicos, y más peritos, y más técnicos… Os ahorro las fotos.

Menos mal que los seguros se han portado. En los dos primeros siniestros elegí indemnización. Hubo cosas que arreglé yo y otras que contraté a empresas. Al final la cosa salió bien y pude ahorrar dinero, además de aprender un cojón de fontanería. Ahora te cambio llaves de paso, grifos y cosas del estilo con una facilidad que ya quisiera McGyver:


McGyver, el precursor de Bricomanía

Pero me llevó mucho tiempo. Porque no sabes y vas a la tienda y compras algo, y llegas a casa y ves que no te sirve, y vuelves a ir a la tienda… Un horror. En el tercer siniestro estaba tan débil que dejé que me lo arreglaran los reparadores del seguro. Y aún y así ya tienes que dedicar tiempo. Para cada siniestro al final tienes que atender fácilmente tres visitas de técnicos y un par de peritos. Que por supuesto te vienen a ver en días diferentes, con la logística que eso conlleva.

- Descubrí a Rubén Chase, y me gustó tanto su obra que me piqué, y traté de hacer un fotomontaje con resultados profesionales. Como además soy la ostia de macho lo hice con el GIMP. Me llevó unas 10 horas pero lo conseguí, hasta el punto que hubo gente que creyó que una ilusión óptica imposible en el mundo real, se había producido. Un poco más tarde me compré una cámara. La elegida ha sido una Nikon D3200:

Nikon D3200

Yo nunca había tenido una cámara en condiciones y esta, a pesar de ser de las sencillas, me tiene totalmente enamorado. Hace unas fotos muy dignas, os pongo algunas (las he reducido en tamaño y calidad para que no tarden en cargar. Si queréis ver maś ejemplos con más calidad, mirad en Flickr):

Foto 1 hecha con una nikon D3200

Foto 2 hecha con una nikon D3200

Foto 3 hecha con una nikon D3200

Así que ahora intento aprender fotografía, no he tenido mucho tiempo, pero en ello estamos.

– Me apunté al que ha sido mi primer torneo de bolos. Y no estuvo nada mal, lo pasé muy bien y estuve cerca de pasar a octavos, a pesar de jugar fuera de casa. En 2015 si no pasa nada repetiremos.

- He tenido dos bodas. La primera de un buen amigo. Le organicé la despedida de soltero y bueno, hay organizadores mejores. Tuve la brillante idea de ir a hacer Kayak en la Costa Brava, a finales de mayo.

El mar estaba picado, había olas que zarandeaban nuestras embarcaciones de plástico cutre. El agua fría se colaba en nuestras naves envolviéndonos los testículos, que empequeñecían hasta alcanzar tamaños poco más grandes que el de una partícula sub-atómica, al tiempo que nos hacían emitir gemiditos muy poco masculinos. El viento creador de olas también proyectaba agua sobre nuestros torsos semi-desnudos que luego secaba mientras soñábamos con tocar tierra. Ostia puta qué frío.

No hubo stripper, pero esto es correcto porque somos hombres de bien y no gañanes que se divierten emitiendo sonidos guturales en grupo mientras una mujer exhibe sus tetas operadas.
En lugar de hacer eso, después del Kayak, salimos por la noche. Y acabamos en Lloret de Mar. Aquello fue tan desagradable que casi lo habría cambiado por remar de nuevo a mar abierto. Había estado antes en Ibiza y Mallorca, por ejemplo, y nunca me había sentido extranjero en mi país, hasta esa noche. Creo que si una civilización alienígena me hubiera seleccionado para llevarme a su planeta, e interrogarme mientras me hacen una colonoscopia con sus falos no me habría sentido tan incómodo. En un local nos llegaron directamente a recomendar que no entráramos. Sólo queríamos tomar algo y hablar pero el tío de la puerta nos recomendó que no. Nos dijo textualmente:

“Si queréis pasar, pasad, pero no os lo recomiendo. Esto está lleno de ingleses, beben mucho, van todos borrachos, están fatal, tiran botellas al suelo…”.

El portero también era inglés, para que os hagáis una idea del nivel. Nos repitió el mensaje varias veces, hasta que nos persuadió del todo.

Acabamos en otro local. Aquello estaba lleno de niños borrachos de unos 19 años. Todos con camisetas verdes. Éramos los únicos capaces de hablar castellano en aquella sala… bueno qué cojones en aquella sala. Eramos seguramente los únicos capaces de hablar castellano en todo Lloret. Nos quedamos en una esquina del local, en el rincón de la gente normal, viendo la vida pasar y consumiendo rápido para acabar con aquello.

– En la segunda boda estuve en Almería, y estuve cerca de no ir ya con los billetes comprados, por unas gloriosas aventuras que viví antes. Al final aquello acabó bien.

– He estado en bodies the exibition:

bodies-ex

Lo que más me impresionó fue ver fetos de muy pocas semanas ya con forma humana. Sinceramente, no sabía que ya parecieran personitas tan pronto.

– He estado en un concierto de música clásica… ¡en la playa!

– He pasado algunos fines de semana fuera: Dos en tarragona, otro en Girona en un camping, otros dos en sendas casas rurales, y un fin de semana adicional en Lloret de mar, pero este salsero.

Encerrados en un hotel, comiendo y bailando, a Lloret se puede ir. Si no es en estas condiciones tengo claro que no pienso volver a pisarlo. Cómo vamos a recuperar Gibraltar si no somos capaces ni de clavar la bandera en un pueblito de la Costa Brava.

- Me echaron del trabajo. Coincidió con el verano así que me dediqué arduamente a rascarme la barriga. Con las dos manos. Fue tal mi empeño en la tarea que de haber tenido tres manos con las tres me la hubiera rascado. Al mes y algo de estar en el paro ya me estaba poniendo nervioso el hecho de no trabajar así que intenté hacer algo.

El proceso de buscar trabajo fue surrealista. Empecé a mirar y me apunté a una oferta, sólo a una. Tuve entrevistas en tres empresas diferentes y acabé teniendo dos ofertas firmes, buenas las dos, entre las que tuve que elegir con todo el dolor de mi corazón. Me quedan 22 meses de paro aún que espero no tener que tocar en algún tiempo. Pocos días después de empezar en el nuevo sitio añadí aptitudes en Linkedin (que tenía muerto del asco hasta ese momento), y me escribió un señor irlandés pidiendo hacer una entrevista telefónica en Inglés para un proyecto que tenía en su tierra. Pobrecillo, si llega a oír mi nivel Ana Botellesco se le quita la tontería en un momento. Naturalmente le dije que no podía ser y que “maybe in otra ocasión, one kiss for you and your family”.

– Por primera vez también, he ido a una cena de empresa y… No le he vomitado a los jefes en la cara ni nada.

– En verano, tuve un pequeño accidente haciendo deporte. Me estrellé contra unas rocas sintiendo bastante dolor en mi hemisferio derecho. Sangraba mi hombro, y mi brazo, y mi mano, y también mi cráneo desnudo, que fue la parte que sufrió más y que recibió 5 puntos de sutura.

Al día siguiente de abrirme la cabeza, remé 12 km por el Ebro. Otra vez en Kayak. Esta vez sí estuvo bien. Un paisaje precioso y un recorrido que se hacía fácil, a pesar de que al cerrar mi mano derecha para coger el remo sentía dolor, y de que al mover el remo para que el barquito avanzara, sintiera dolor también.

– Un familiar directo ha tenido problemas de salud que me han llevado a vivir aventuras que preferiría no haber vivido ni estar viviendo ahora.

– Me han dado la licencia de primera ocupación del piso. Sí, unos 6 años después, tócate los pies Manolo. Gracias, muchas gracias por decirme que puedo vivir aquí.

– Nunca me habían multado por exceso de velocidad. Hasta este año. La primera vez por ir a 110,8 km/h cuando sólo se podía ir a 100 km/h y la segunda por ir a 103 km/h en un tramo donde el máximo era de 90 km/h. En ambos casos según la multa se trata de una infracción grave, pero no te quitan puntos.

– He ido al fisio por primera vez en mi vida. Se ha confirmado lo que esperaba, podría ser cliente suyo para siempre sin ningún problema. Debo tomarme en serio lo de cuidar un poquito mi espalda.

– He vuelto a estudiar inglés. No con mucho ahínco pero bueno, ahí andamos.

– He amortizado un poco de hipoteca por primera vez.

– Ha sido el año más productivo en lo que a ganar dinero se refiere. No puedo quejarme nada en ese aspecto.

– He intentado cocinar algo más, sin mucho éxito, aunque he hecho alguna cosita digna:

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Una noche vinieron a cenar unos amigos a casa. A finales de 2013 hice un mini curso de cocina en el que me enseñaron a hacer risotto. Así que me vine arriba y les preparé mi súper risotto de setas. Los cabrones se metieron con la textura de mi plato, me provocaron. Así que los reté a superarlo haciendo un concurso y recogieron el guante.

Quedé tercer clasificado. De tres participantes. Y ellos no habían hecho curso ninguno. Es difícil motivarse así. La cocina sigue sin ponérmelo fácil… pero venceré.

– He aprendido a hacer mojito. Y me quedan muy buenos. Un día, los amigos de antes y servidor pensamos en lo bueno que podría estar un mojito de higo. Y pensamos también en forrarnos con la receta, claro. Mojhigo lo llamamos, en un último arranque de creatividad suprema. Tanto hablamos del asunto que lo acabé haciendo. Estaba bueno, pero no sé por qué cojones sabía a mojito de fresa:

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– Le he cambiado el diseño al blog y estoy muy contento con el resultado. Desde octubre, he publicado cuatro entradas. En total, suman unas 4700 palabras. No está nada mal. El año pasado, en todo el año, publiqué sólo dos.

– Mi relato creciendo fue presentado a dos concursos literarios antes de publicarse aquí. No gané y debo decir que mi derrota fue justa. Eran premios con baja dotación económica y aún y así se presentó mucha gente y con mucho talento. Quiero seguir perseverando y presentar más textos míos a concurso.

Mi hermana ha escrito su segundo libro y ha vuelto a decirme cosas bonitas.

Y ya está, hasta aquí hemos llegado. Las cosas siempre pueden ir a peor pero ni una lágrima se me ha caído al dejar atrás el 2014.

No sé si el 2015 irá mejor, sólo espero librar alguna batalla menos, viajar y tener un poco más de tiempo para pasarlo bien, sobretodo en lo que a faldas se refiere. Este año, han pasado por aquí muy poquitas, y han venido, en su lugar, muchos fontaneros bigotudos.

Y ya os digo, que unas y otros, no huelen igual.

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Sobre el infarto cerebral

Últimamente me he puesto bastante al día sobre lo que es un infarto cerebral. Ya sabía algo del asunto, y mis conocimientos se han visto ampliados notoriamente. Quería compartir desde hacía ya tiempo algunos consejos y consideraciones que pienso son de interés, pero no había tenido tiempo de ponerme todavía. De hoy no pasa así que vamos allá. Quiero aclarar, antes de nada, que no soy médico y que por lo tanto es bastante fácil que me equivoque. Si algún experto encuentra un error agradeceré que me lo diga y que cite una fuente fiable y entendible para poder corregir el texto.

¿Qué es un infarto cerebral?

 Empecemos por el principio. Un infarto cerebral no es más que la muerte de una parte del cerebro, de mayor o menor tamaño, producida por la falta de irrigación sanguínea. Dicho de otro modo, si a una zona del cerebro no le llega la sangre durante el tiempo suficiente, esa zona del cerebro muere. Las consecuencias pueden ser más o menos severas en función de la zona afectada, pero es importante indicar, que se puede conseguir una mejora muy significativa respecto al estado inicial, y que de entrada conviene ser optimista.

Consejos

Antes del diagnóstico:

Cuando a alguien le da un ictus, se nota. Los síntomas aparecen de forma brusca y suelen ser contundentes. Algunos de los más comunes son:

- dificultad en el habla

- parálisis parcial del cuerpo

- adormecimiento de distintas zonas

- pérdida de visión

- …

Puede ser que tengamos estos síntomas y no se trate de un ictus, podría tratarse también de un accidente isquémico transitorio o de una migraña con aura, por ejemplo. No pretendo sembrar el pánico pero sí digo que si se tienen estos síntomas hay que solicitar atención médica de forma inmediata. Tratar el ictus rápidamente puede suponer la diferencia entre vivir para contarlo o no, entre salir del hospital en silla de ruedas o salir por tu propio pie, etcétera… Así que si se tienen estos síntomas hay que acudir inmediatamente al hospital. Una vez allí recomiendo decir en admisiones que se cree que es un infarto cerebral y hay que insistir y mucho en que os atiendan cuanto antes. Si tardan en admitirnos, hay que hacer lo que sea para que nos hagan caso: si hay que insultar se insulta, si hay que amenazar se amenaza… lo que sea. Sólo faltaría que uno tuviera que sufrir una incapacidad severa durante el resto de su vida, sólo porque por turno iba detrás de cuatro desgraciados con gripes mal curadas. Si los médicos priorizan mal los casos que tengan, que no sea porque no se les ha avisado de que creemos que es un infarto cerebral y que por tanto requerimos atención urgente.

A parte de eso, no comas ni bebas nada. Absolutamente nada, luego explicaré por qué.

Después del diagnóstico:

Estos consejos que voy a dar son más para los familiares que para el propio enfermo, pues éste ya tiene bastante con lo que le ha caído encima y una vez se ha acudido a urgencias, poco más puede hacer.

- Haz siempre lo que diga el médico: Es una obviedad pero es el consejo más valioso. Este consejo invalida cualquiera de los otros ;) Insisto, es una obviedad pero sólo faltaría que viniera algún capullo a demandarme sólo porque he dado un consejo que no le ha funcionado ;)

- Comer y beber después de un ictus: Muchos de los síntomas del ictus son claramente visibles, la pérdida de movilidad en las extremidades, la dificultad a la hora de hablar, etcétera… son claras. Sin embargo es posible que haya otras partes del organismo que no funcionen y que no seamos conscientes de ello. Por ejemplo, una persona que habla mal, lo hará en muchos casos porque hay músculos de la cara que el cerebro no es capaz de hacer funcionar. Y del mismo modo en que el cerebro no es capaz de hacer trabajar a esos músculos, es bastante probable que tampoco sea capaz de hacer funcionar todos o algunos de los músculos de la garganta. Si esa afectación se ha producido y el enfermo ingiere algo podría pasar que los alimentos fueran a parar a los pulmones, por poner un ejemplo. Por tanto, algo que puede parecer completamente inofensivo, como es ofrecer agua a un sediento, puede no serlo. El profesional que debería encargarse de evaluar qué puede comer o beber un paciente es el logopeda. Una vez evaluado, lo normal sería que indicara una dieta adecuada para el paciente, que por resumir, es una dieta que tendrá como objetivo fundamental que sea fácil de tragar. Pero podría pasar, y ésto como casi todo lo demás que hay escrito aquí lo digo por experiencia propia, que se le de al paciente una dieta normal sin haber sido revisada previamente por el logopeda, y que se le de de beber sin ninguna consideración. Bueno pues no hay que darle absolutamente nada de comer por cuenta propia, si es el hospital el que le da de comer hay que preguntar si la dieta ha sido autorizada por el logopeda o no. Si no lo ha sido, lo mejor es no dar de comer al paciente ni un bocado. Si por la razón que sea, y aunque insisto, no sea nada recomendable, lo hacéis, se debe operar con mucho cuidado, dando trocitos muy pequeños y vigilando que el paciente coma muy despacio, estando completamente incorporado sobre la cama. Si en algún momento, hay alguna tos o cualquier gesto sospechoso que nos lleve a pensar que el enfermo no puede tragar bien, se debe dejar de comer de inmediato.

Sobre la bebida, si como con la comida, por alguna razón, no somos capaces de aguantar sin dar de beber hay algunas opciones que permiten reducir el riesgo de atragantamiento. Una es el agua con gas, que se nota más en boca y permite al enfermo percibir mejor dónde tiene el agua (sí, ese tipo de sensibilidad también se puede perder tras un ictus) y controlar de forma más consciente el acto de tragar. La otra opción que conozco es el espesante. Puede comprarse en cualquier farmacia, y son unos polvos que mezclados con el agua en cantidad suficiente, nos permitirán dejarla con una textura similar a la de un yogur. No da sabor y permite lo mismo que el agua con gas, aunque hasta dónde yo sé ésta es una opción todavía más recomendable.

- Ármate de paciencia: Un ictus es una cosa muy jodida para todos, tanto para el paciente como para sus seres queridos. Al ictus no sólo hay que achacarle el enorme dolor que debe suponer la pérdida de capacidades, sinó también la inmediatez de esa pérdida. Imagina que un día estás estupendamente, pensando lo que vas a hacer mañana y resulta que, mañana, no te puedes mover. Hablas pero no te entiende nadie, y no puedes hacer una infinidad de cosas cotidianas, que de tan cotidianas que eran, ni siquiera eras capaz de valorar. No puedes rascarte si te pica algo, no te puedes girar sobre la cama, no puedes vestirte, ni asearte… suena duro, ¿verdad? Pues por eso mismo los cuidadores deben armarse de paciencia. A mi entender hay que dejar al enfermo que intente hacer por sí mismo todo aquello que quiera hacer, siempre que no sea peligroso, aunque intentarlo suponga mucho tiempo. He visto gente que por no sufrir viendo como alguien a quién quieren pasa calamidades para hacer cualquier cosa de lo más sencilla, va y dice: “va, ya te lo hago yo”. Les comprendo, pero se equivocan. Una cosa es preguntar si se quiere ayuda, eso está bien, pero si el enfermo dice que no, y va a intentar algo por sí mismo hay que dejar que lo haga. Cuidar de una persona querida que se ha vuelto dependiente es muy cansado, física y moralmente. Por tanto de cara a mantener la paciencia lo más intacta posible conviene turnarse entre varios cuidadores. Que no te duela pedir ayuda si la necesitas.

- Saca el dolor: Toda situación traumática tiene una etapa de duelo que hay que pasar. No hay más. Si te haces el fuerte hoy, reventarás mañana. Cada uno lleva el duelo a su modo y así debe ser. Pero yo nunca le he encontrado mucho sentido a ocultar el dolor ante los demás. Si ponemos por caso a un hombre que pierde a su esposa, y tiene niños pequeños, entiendo perfectamente que trate de mostrarse fuerte y alegre ante sus hijos. Yo también lo intentaría. Pero una cosa es ésa y otra es que, entre adultos, cuando se sabe que se está pasando mal se finja que no hay sufrimiento. Estas cosas deben tratarse con toda la naturalidad que merecen. Vendría a ser, según mi forma de ver, como decir: “Bueno, ésto es una putada gorda, muy gorda, vale. Lo estamos pasando mal, cuando toque llorar, se llora, y no pasa nada, hay que sacarlo. No te aguantes cuándo te vengan ganas de desahogarte y yo haré lo propio. Y luego, cuándo lo hayamos sacado, habrá que ver la parte buena de todo ésto, que la tiene, apretar el culo y seguir hacia delante”

- Intenta relativizar: Es lo que decía antes de ver la parte buena de las cosas. Cuesta de ver, seguro, más aún para el enfermo, pero no quiere decir que no pueda haberla. Todo está en el cerebro así que un infarto cerebral no deja de ser, simple y llanamente, una macabra lotería con infinidad de resultados distintos, todos desagradables. Puede que un paciente haya visto reducida de forma considerable su movilidad, pero sí tenga un control total sobre sus esfínteres, o esté perfectamente a nivel cognitivo. Bueno, pues ya son motivos suficientes para ver las cosas con algo más de perspectiva. Puede también que el enfermo haya sufrido el ictus a una edad avanzada, y no estaría de más recordar que no hace tanto la media en cuánto a esperanza de vida rondaba los 40 años. ¿Que es un consuelo pobre? estoy de acuerdo pero todos estos truquillos yo creo que pueden venir bien y hay que usarlos en la medida de lo posible.

- Hay que trabajar: Ya se ha explicado antes que un ictus no es más que una zona del cerebro que ha muerto. Por tanto, lo que hiciera esa zona, deja de funcionar. Si se nos ha muerto la parte del cerebro que se encarga de mover el dedo meñique de la mano derecha, no podremos moverlo. Y el puto dedo estará perfecto ósea y muscularmente (al menos hasta que se atrofie por no usarlo) pero no se moverá ni a martillazos. Afortunadamente, una zona sana del cerebro puede llegar a aprender cosas que antes hacía la zona que ha muerto (neuroplasticidad), por lo que si las secuelas no han sido demasiado graves, puede incluso que pasado un tiempo nadie sea capaz de darse cuenta de que se ha sufrido un ictus con anterioridad.La pega es que para que haya neuroplasticidad tiene que haber trabajo. En el hospital se pasarán unos señores fisioterapeutas que dirán qué ejercicios hacer para mejorar (si no se los han cargado ya con los recortes, porque estaban a puntito de hacerlo cuando yo me vi en esta situación). Tiene que ser muy duro que uno de los ejercicios, consista, por ejemplo, en mover un brazo que no se quiere mover. Y que lo intentes una vez y otra y el brazo no responda. Lo fácil ahí es decir: “es que no puedo hacer este ejercicio porque no puedo mover el brazo”. Pues no, hay que hacerlo. Hasta qué punto es posible recuperarse es algo que debe determinar el equipo médico, por descontado, pero lo que es seguro, es que el brazo no se volverá a mover si no se intenta una y otra vez. Los cuidadores no deben ser blandos en este aspecto. Hay que ser comprensivo, claro, pero estricto también, y hay que hacer al enfermo trabajar… ¿Cuánto? todo lo que se pueda, se deben hacer ejercicios hasta que no se pueda continuar, y una vez descansado, volver a hacer ejercicios. Yo tuve mucha suerte porque mi enfermo le echó ganas y muchos cojones al asunto, que es lo que hay que hacer. Y él tuvo mucha suerte también por tenerme a mí y a otros cuántos seres queridos de enfermeros/fisioterapeutas/logopedas/psicólogos… Quizá fuéramos amateurs, sí, pero la entrega que se puso compensa con creces la falta de profesionalidad. Ningún enfermo a quién quieras podrá tener un cuidador mejor que tú, no lo olvides nunca. Saca pecho y siéntete orgulloso. Lo estás haciendo bien. Seguro.

Yo una de las cosas que hice fue una tabla de ejercicios que estaba siempre en el hospital. Ordené que cada vez que se hiciera alguno de los ejercicios se apuntara, indicando la hora, las repeticiones, etc.. Así cada uno cuándo llegaba, podía ver qué había hecho el cuidador anterior y hacer otra cosa. Por otro lado iba muy bien para ver la progresión. Aunque sea un proceso lento y frustrante, se puede mejorar mucho si uno se lo curra. Yo me encontré con una persona muy muy dependiente. Unos meses después la misma persona no necesita a nadie para casi casi nada. El cambio ha sido totalmente espectacular pero insisto en que hay que esforzarse, y que es duro.

A mí me temía cuándo entraba por la puerta porque sabía que iba a currar como un cabrón. Y eso es exactamente lo que hay que hacer, ser comprensivo pero no compasivo, tener carácter y hacerlos trabajar.

Nada más, me dejo cosas seguro pero es que podría estar escribiendo de ésto durante horas, como de cualquier otra cosa, y tengo una vida que atender. Espero que estos consejos puedan servir a alguien, al menos con esa intención está escrito.

No sé si has llegado a esta entrada porque eres enfermo, ser querido, o por simple curiosidad. En cualquier caso… recuerda: ánimo, aprieta el culo, y hacia delante. Siempre.

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Mi última carta

¿Sabes? Ahora tendría que estar trabajando. Sí, a estas horas… Debería escribir código fuente, documentación técnica, presentaciones, presupuestos, no sé con qué me pondría primero. Tarde o temprano tendré que hacerlo. La lógica me sugiere hacerlo cuanto antes, ya que quizás así, y sólo quizás, pueda evitar que las próximas noches se hagan horriblemente largas.

Pero poco entiende la lógica de sentimientos, y sobre mis sentimientos debo escribirte hoy y ahora, aunque no sea fácil.

No lo es porque el dolor no entiende de palabras, sólo golpea fuerte. Y no es nada fácil verbalizar los golpes, pero debo hacerlo.

Me duele recordarte. Saber que nunca más volveré a verte. Me duele soportar la incoherencia de no pensar en ti cuando existías, y de recordarte ahora, todos y cada uno de los días, desde que no estás. Me duele no ser capaz de entender que la vida es finita y que las desgracias, a veces, ocurren. Que se escapan de los titulares de los periódicos y desgarran cosas de tu cuerpo, que descubres en ese momento porque las oyes romperse. Estoy marcado por dentro, puede que para siempre.

Dicen algunos que hay que relativizar las cosas, pensar en positivo. No niego que tengan razón. En multitud de libros se venden esos conceptos, y a buen precio. Pero ni una página, ni una sola página de cualquiera de esas ediciones de bolsillo de papel cutre, tipografía serif, autor de conferencias y portadas llamativas te conoció. Ni una. Y no hay naranja de portada que hubiera podido apartar a alguien de tu sonrisa, de tu alegría, de ti. Ni aún estando tan lejos del libro como lo estábamos tú y yo. Y es que las páginas no entienden de golpes, ni de amor…

Ahora, ahora que al fin parecieron pasar los tiempos de grandes anestesias y nubes de abstracción. Ahora que escucho lo que oigo, que observo lo que veo, que siento lo que toco… Ahora que mi corazón palpita con intensidad, que puedo notar como mis pulmones se llenan del aire de mi planeta insignificante. Ahora… me duele.

Yo, el estúpido que creyó ser el rey de la serenidad y el sosiego. Yo, que creí en cuentos de sabios, ahora siento, río, salto, corro, abrazo y beso. Vivo. Y ahora, lo hago de verdad, sólo con un fino escudo ante el pecho y sin paraguas teísta alguno sobre mi cabeza.

Tirar el paraguas… la elección que tomamos los de raciocinio honrado y coherente, los que no cedemos, los que no clavamos las rodillas ante nada ni nadie, ni divino ni humano, los valientes. Bien saben los que me conocen que no cambio mi valentía por un consuelo falso.

Casi a pecho descubierto me enfrento a ésto y a todo, huyo de historias de ficción, sólo quiero realidades. Y en esas realidades se halla una tan terrible como que no volveré a verte. Nunca. Y no podrás escucharme decir lo que te quise y lo que te seguiré queriendo… Nunca.

Y siento escribir ésto, porque sé que ni lo esperabas de mí, ni mereces que mi última carta sea triste. Intentaré estar bien en el futuro, te lo prometo.

Mucho me temo, no obstante, que de vez en cuando deberé detenerme un momento y recomponerme a partir de mis escombros. Para que te quedes más tranquila, intentaré parar lo menos posible.

Qué menos que hacerte ese regalo, preciosa.

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