Polisomnografía

He tenido tiempo suficiente para aprenderme el nombre técnico de la prueba.

Llego al hospital 15 minutos antes de las 22. Es impropio de mí pero la ocasión lo merece. Me dice el segurata que me espere en unos sillones marrones. Así lo hago. Preveyendo que no van a venir a buscarme a las 22 en punto me pongo la radio. Al rato, llega un individuo que me suena. Es un vecino del bloque de mis padres, un ex-vecino mío, vaya. Manda cojones, que tenga que encontrarme a este tío aquí cuando ni siquiera me lo cruzaba en el ascensor.

Le sonrío como preludio a preguntarle qué hace allí. No me devuelve la sonrisa, no me ha conocido, mucho mejor.

Al rato llega otro individuo. Tiene el pelo muy rizado, de ahora en adelante lo llamaremos pelopó. Pelopó lleva una mochila grande de hacer deporte. Me imagino que ha venido a lo mismo que yo. Entonces ato cabos y miro a mi izquierda, donde está sentado mi ex-vecino. Deduzco que también viene a dormir, pero este lleva una pequeña mariconera. Ahí no cabe un pijama, a duras penas cabría lo básico para cepillarse los dientes. Imagino que va a dormir en tanga, porque él lo vale.

Entonces me pregunto qué cojones se ha llevado pelopó en esa bolsa tan grande, para pasar una noche en el hospital. Yo llevo mi pijama, mis zapatillas  y mi cepillo y pasta de dientes en la mochila del portátil. Creo que con eso basta.

Por un momento pienso que quizás, vaya a dormir con esos dos pamplinas. Es ridículo. Sería estúpido meter a tres tíos que presumiblemente roncan como cerdos a dormir juntos, porque podría ser que no dormiera ninguno. Pero cosas más absurdas se viven en el mundo de la sanidad. En cualquier caso no me preocupa. Si esto es así, mañana estarán sordos. Desgraciados…

Sobre mi cabeza hay decenas de dramas, pero yo tengo el mío particular. Son las 22:05. Un retraso de 5 minutos es despreciable, pero uno de dos años dos meses y 5 minutos puede volverse insoportable. Entre eso, y que existe la posibilidad de que tenga que compartir habitación con pelopó empiezo a visualizar el hospital ardiendo.

Pelopó y mi ex-vecino tienen los ojos muy abiertos, demasiado. No sé qué cojones va a hacer esta gente si no se está durmiendo ya. Yo me estoy quedando frito en el incómodo sillón casi desde que he llegado.

A las 22:10 baja la enfermera. Lee tres papelitos, cada uno con nuestro nombre. Se confirma, los tres vamos al mismo sitio. Nos pregunta que qué tal. Yo no hablo, no tengo ganas y no tengo ninguna obligación. Los demás intentan socializarse y ser agradables. Me encanta sentirme libre y poder ser rancio, que es lo que me apetece. Pelopó dice que tiene sueño. ¿Qué sueño vas a tener tú pelele de mierda? - pienso -.

Subimos a la primera planta y dice: Pepito apellido, habitación 15, vosotros dos conmigo. Me quedo aliviado, más que por no poder dormir por no tener que compartir baño. Vivo solo, soy feliz solo y hace más de una semana que odio a la gente en general. No me apetece en absoluto compartir ni el aire con dos desconocidos.

En la cama veo ya muchos artilugios, me gusta. Estoy contento y motivado, tengo claro que voy a hacerlo bien. Al poco rato viene Carmen y me dice que a mí me deja para el final porque me tienen que hacer más pruebas que a los demás. Lo sospechaba y me alegra que el pneumólogo lo haya decidido así.  Me dice que me ponga cómodo porque se va a estar un buen rato con los demás. Me dice que me va a traer el mando de la tele y que soy el único que tiene tele. Yo sigo sin ganas de hablar y soy bastante conciso en mis respuestas. Me trae el mando y me enseña un armarito que hay en el lavabo por si quiero guardar mis cosas. Me cae bien Carmen, muy bien.

Enciendo la tele y veo que empieza la sexta temporada de perdidos. Voy por la mitad de la tercera y no quiero enterarme de nada, pero no puedo evitarlo y me quedo  hipnotizado. Nada más empezar me trago un spoiler como una casa. Me da igual, esa serie tiene tantos misterios que te pueden explicar cientos de spoilers y seguir teniendo su interés.

Carmen ya me ha avisado de que en mi prueba no es posible levantarse una vez te ponen todos los cables. Le digo que no se preocupe en absoluto, que no me levantaré.

A los 5 minutos de ver la tele me estoy quedando dormido otra vez. Me levanto y voy al lavabo a cambiarme. Me pongo el pijama y bebo agua del grifo. Tendría que haberme comprado una botellita.

Finalmente, llega Carmen. Me comenta que va a tardar una hora más o menos en ponerme todos los cacharros y que todo lo que hay encima de la cama, me lo tiene que enchufar. Yo pienso que exagera.

Me avisa de que el proceso es bastante artesanal y empieza. Me dice que los electrodos se enganchan al cuerpo directamente con pegamento y que tiene que colocarme cerca de 30 cosas. ¿Tanto? estoy flipando…

Con un metro y un rotulador me hace unas marcas en el pelo y empieza a enchufarme cosas. Sólo en la cabeza llevo unos 10 electrodos con sus respectivos cables de colores. Me cago en mi puta vida, parezco Lucrecia:

lucrecia.jpg

Sigue poniéndome cables: Uno en cada ojo, uno detrás de cada oreja, un par (creo) en la barbilla, y otro en cada gemelo (que al parecer sirven para saber si te mueves mucho por la noche o no). En el pecho me pone dos ventosas grandes, en el cuello un electrodo más grande que los demás. Por encima del pijama me pone dos aparatos. Como dos pulsómetros muy antiguos. En el dedo me pone una pinza para controlar el volumen de oxígeno en sangre y en la nariz, dos cosas, un micrófono y unos tubitos de esos que les ponen a los viejitos para que respiren, pero sin oxígeno. Eso es lo más molesto de todo, tira bastante y al moverse se nota mucho.

Carmen se va a mirar el ordenador a ver si está todo bien conectado. Lo que va a sufrir esa CPU no lo sabe nadie todavía. Vuelve y me dice que no, que hay que volver a colocar un par de electrodos. Ladeo la cabeza y la dejo hacer su trabajo. Es tan atenta… si tuviera 30 años menos le pediría matrimonio sin pensármelo. Qué falto está el mundo de mujeres como Carmen.

Me estoy quedando frito y estoy deseando que acabe ya. Ya me ha avisado que a las 6 me van a despertar y son las 24 pasadas. No exageraba nada, voy tarde, y me gustaría descansar un poquito.

Al fin, ella termina y yo puedo comenzar mi exhibición. Aunque me ha dicho que puedo moverme con total tranquilidad, yo no lo veo tan claro. Tanto cable tira y no quiero que se me caiga nada y tenga que volver a enchufármelo. Eso supondría empezar a dormir más tarde. Ahora que ha llegado mi momento no tengo sueño. Por un momento blasfemo en silencio, pero en seguida me doy cuenta de que voy a poder hacerlo bien, y que en poco rato me dormiré.

Aproximadamente, a los 20 minutos pierdo la consciencia. A las 6:15 Carmen entra en la habitación, enciende la luz, y me da los buenos días. Yo también se los doy aunque me apetece decirle otra cosa.

Me  pregunta si me he dado cuenta de que ha entrado dos veces durante la noche para volverme a recolocar algunas cosas. Le digo que no y me pongo contento. Realmente no he sido consciente, y eso significa que he dado lo mejor de mí, como tiene que ser.

Le pregunto si he roncado mucho y riéndose me dice que sí, que un poquito. Que además me muevo mucho y que tengo apneas.

Me echa alcohol y acetona para quitarme todos los electrodos que aún siguen en su sitio. Llevo pegado loctite puro. En la habitación hace mucho frío, y no me he despertado. De nuevo, bien.

Cuando ya estoy vestido, Carmen insiste en acompañarme hasta la salida. Le digo que no hace falta y me dice que hace mucho frío. Le vuelvo a insistir en que no baje… es increíble lo antenta que ha sido durante todo el proceso. 10/10, qué profesional, qué maravilla…

No la convenzo y baja conmigo. En recepción hay dos seguratas, que ni siquiera levantan un centímetro la vista de los diarios gratuitos que están leyendo. Viendo a estos dos haraganes valoro aún más la profesionalidad de Carmen. Sale a la calle a avisar a un señor para que me haga un justificante. Otra vez le digo que no hace falta, pero sin ropa de abrigo lo hace. Entra el señor en cuestión. Estaría fuera charlando de sus cosas, le falta un brazo y lleva una camisa de manga corta. Algo increible cuando fuera estamos a 0 grados y hay un viento de impresión.

Le doy las gracias a Carmen y me marcho al trabajo.

Y eso es todo, ahora a esperar a que me llamen y me den hora para el pneumólogo. A ver qué tal va la cosa…

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3 Responses to “Polisomnografía”

  1. tonitú Says:

    Hola Pepito:

    Si Carmen entró varias veces no lo hizo sola, sino acompañada de un párroco que te hizo exorcismos. Seguro que nunca habría visto antes un espectáculo dantesco como ese y se asustó. Unas horas más tarde lo volvieron a intentar, pero quizás llegaron a la conclusión de que esa era realmente la forma en la que dormías y que no estabas poseído. Aún así seguro que te vigilan para comprobar que no hagas cosas raras, como ritos satánicos con niños y otras cosas de endemoniados.

    Saludos :)

  2. Pepito Says:

    La verdad es que me quedé tranquilo porque esta gente tiene que estar acostumbrada a ver de todo… Pero claro, por las noches, supongo que uno se tira peos, trempa y hace otras cosas que deberían quedarse en la intimidad de las personas, y es incómodo pensar que no es así.

    Pero bueno, se supone que si te hacen esa prueba es porque eres capaz de dormirte fácil y no enterarte de nada… como así fue.

  3. tonitú Says:

    Hola de nuevo:

    Supongo que te sentiste un poco como Bella siendo observada toda la noche por Edward Cullen, alias “Brilly”, sólo que con menos romanticismo y con sus ronquidos y otras cosas poco cinematográficas.

    Bueno, a ver qué te dice el pneumólogo, esperemos que te den hora pronto.

    Saludos :)

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