Y la chispa saltó

Se está montando gran revuelo con las manifestaciones del domingo promovidas por la plataforma Democracia real ya. Francamente, estoy sorprendido por cómo está sucediendo todo.

Tuve constancia hace como un par de meses del movimiento, y me lo miré con algo más de cariño hace unos días. Un amigo me propuso ir a la manifestación y solamente entonces leí su manifiesto.

Y la verdad… me pareció mediocre. Muy mediocre.

El caso es que a pesar de sus fallos - muy notables a mi parecer- han tenido mucho éxito, han conseguido sacar a las calles a muchas más personas de las que sacaron los sindicatos en una (redoble de tambores) huelga general.

Llevaba tiempo planteándome cómo era posible que en la situación actual aún no hubiera revueltas. La única explicación que encontraba yo era que una enorme economía sumergida y el apoyo familiar, sofocaba la ira de tantas y tantas personas que deberían estar protestando en la calle.

Me equivocaba. Lo que hacía falta era algo que seguir para unir cabreos. Y ese algo ha llegado. El movimiento perfecto es Democracia real ya. Un grupo sin ideología clara definida y sin soluciones a los problemas planteados es el ideal para unir a los cabreados por distintos motivos y protestar con una sola voz.

Ahora el movimiento estará creciendo algún tiempo. Protestarán, acamparán, lucharán unidos y gritarán con fuerza.

¿Y luego qué? luego nada. Cuando ni los medios ni sus amos los caciques puedan mirar hacia otro lado algunos emisarios tratarán de entender qué quiere el movimiento. Y resultará que lo que quiere el movimiento no puede hacerse. No porque los que ostentan el poder no sean ratas, sino porque lo que quieren, tardaría muchos años en hacerse. Y no habrá fuerza política capaz de ejecutar todo eso de golpe.

Critico porque al contrario de lo que pueda parecer me alegra mucho que Democracia real ya haya tenido esta acogida. Porque significa que tenemos sangre en las venas. Que todo el mundo tiene un límite y que el límite ya ha llegado. Que ha llegado tarde, sí, pero que al fin y al cabo llega tarde a todas partes. Que estamos hartos y dispuestos a hacer algo para cambiar las cosas. Que democracia significa que el pueblo debe gobernar y no que un muñeco pusilánime y cretino pueda hacer lo que quieran sus dueños durante cuatro años. Que hay cosas que no funcionan, muchas cosas que no funcionan y que hemos preferido salir a solucionarlas en lugar de quedarnos un ratito más viendo el Sálvame. Que hay algo más, que hay espíritu crítico suficiente como para pensar que hay futuro, como para pensar que España tiene salvación.

No hay voluntad de millones de personas que no pueda cumplirse si todas esas personas empujan juntas. Si gritan y luchan juntas. Y está la lucha, y los gritos, y las ganas, y el corazón. Y yo me alegro mucho por ello. Pero nunca seremos egipcios sin saber lo que queremos.

Quiere el movimiento que el político deje de trincar, que jóvenes y mayores tengan empleo, un mejor reparto de la riqueza, unos representantes enfocados a satisfacer las necesidades de sus conciudadanos y no los intereses de los grandes grupos de poder.

Y yo también. Por eso quiero que enfoquen objetivos y los planteen claramente. Que todo el mundo sepa qué apoya exactamente y qué no. No se puede desaprovechar algo tan valioso como el apoyo de miles de personas y estoy seguro de que no pretenden hacerlo de forma consciente, como sí lo hacen muchos partidos políticos. No critico sus nobles intenciones, los apoyo en su entrega. Pero sin objetivos claros el fuego se convertirá, poco a poco, en cenizas.

Y ya ha costado suficiente hacer la madera arder.

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