9º Triatlón popular de Malgrat de Mar - La crónica
Monday, July 26th, 2010Estáis a punto de leer, por primera vez en la historia de todas las cosas escritas en Internet, una crónica de extensión inversamente proporcional a la distancia recorrida en una prueba deportiva. Esto es, no creo que nadie haya hecho una crónica de un Ironman más larga que esta. El que esto escribe, ya sabe que hacer algo así es ridículo. Pero la ilusión nunca atiende a razones lógicas:
El sábado estuve muy nervioso. Pero mucho. Por la tarde fui a nadar un rato y me quedé más relajado, aunque tenía una tensión abdominal acojonante. Llego a casa, ceno y empiezo a prepararlo todo. Reviso la kilométrica checklist que había hecho y veo que no falta nada. Con la tontería pasa la 1 de la madrugada. Calculo a qué hora tengo que salir para Malgrat y empiezo a jurar en hebreo. Maldita sea, tengo que levantarme a las 6 am para desayunar tranquilo y llegar allí bien. Al final, peco de optimista y me pongo el despertador a las 5:50. Cuento una hora de trayecto, más 20 minutos para buscar aparcamiento. No me he pasado de precavido ni mucho menos. El problema está en que había planeado irme a dormir pronto porque estaba muy cansado y voy a dormir menos de 5 horas…
A las 5:50 creo haber oido el despertador. Por supuesto, no me levanto. Espontáneamente abro los ojos una hora después. Cojonudo, sólo voy una hora tarde. Me estreso y pienso que tengo que llegar como sea. Menos mal que lo tengo todo preparado, me calzo las lentillas y empiezo a comer cereales a lo semi-guarro (se coge una cuchara y se comen directamente de la bolsa, crudos. Para hacerlo con el sistema guarro sin el semi sólo hay que sustituir la cuchara por la mano y listos). Bebo agua y me zampo también un plátano.
Echo un vistazo muy rápido a todo para no dejarme nada en casa, y para el coche que me voy con los bultos (suerte que la bici ya estaba en el coche desde el día anterior) . Le doy alegría al acelerador y sobre las 8:30 llego a Malgrat. Siguiendo las indicaciones del gps me encuentro con un descampado donde pone: “parking triatló”. Gracias tíos… ¡Me habéis salvado la vida! estos 20 minutos que había contado para buscar aparcamiento y que me acabo de ahorrar han sido una bendición. Me veía ya entrando al agua con todo el mundo superando la primera boya (y lo habría hecho, no tengáis duda). Veo más gente que llega y va relajada y me tranquilizo. Ya sé que llego bien y voy a hacer la prueba.
De camino a la salida veo que el cuentakilómetros no funciona. Llevé la bici a arreglar y me pusieron el cable bien, porque lo llevaba que daba pena verlo. Pero ahora no va. Le echo un vistazo sin saber por qué coño es y como voy estresado pues lo dejo para cuando esté en boxes.
Me acerco a pedir el dorsal y todo el tinglado y me llevo la última camiseta talla “M”. ¡Ole! primero el “descampao” y ahora esto, con tanta suerte, a este ritmo pincha un tercio, al otro tercio se le rompe la cadena y los que quedan se ahogan en el mar menos cuatro gordos que llegarían detrás mío para no desmerecer mi resultado
Me voy para boxes, dejo la bici en un sitio apartado y preparo el resto de cosas: pongo los dorsales en la bici y en la camiseta, dejo los calcetines, las zapatillas, la toalla, el casco, la bebida isotónica y las gafas de sol más o menos a mano. Intento arreglar lo del cuenta kilómetros sin éxito. Es una putada, con lo planeado que lo traía todo, y esta que es la única herramienta que podía darme referencias, no va. Finalmente me olvido del tema y voy a pegarme un chapuzón. La organización ya está diciendo que en breve se hace el briefing, a las 9:15 empieza la carrera y son las 9 pasadas ya. Joder, ¡qué estrés! si no fuera tan capullo no tendría estos problemas. Me baño y al salir ya está casi todo el mundo en la línea de salida. Me acerco y a los pocos segundos, empieza todo quisqui a correr a la desesperada. Hago lo propio y tras unos 75 metros pa dentro.
¡Cuanta gente! Nadar rodeado de unas 350 personas es una pasada. Aunque el agua está muy limpia, a causa del burbujeo del personal no se ve nada. Ves un metro de agua, pies, culos y sobre todo burbujas. Hasta la primera boya no se ve nada. Levanto el cuello, veo cabezas y si veo hueco doy un par de brazadas, para volver a parar, volver a sacar la cabeza y así continuamente. No veo la primera boya hasta que no estoy muy cerca, de la gente y el alboroto que hay. Es acojonante. Con tanta gente, tienes la sensación de que los demás te están girando, que tú no haces nada y que la masa te lleva. A partir de la primera boya empiezo a poder nadar con tranquilidad. Veo un tío a mi izquierda y lo cojo como referencia, si yo me tuerzo, él también. Cuesta mucho ver la próxima boya pero la veo antes que la primera. Al girar la segunda boya me llevo un par de ostias en la cabeza de alguien que va dando brazadas de forma poco ortodoxa. Me da fuerte pero yo sigo a lo mío. Alguna he repartido, aunque no demasiado fuerte.
De la segunda boya a la salida más tranquilidad todavía. En los últimos metros me adelantan unos 8 fácilmente. Retuerzo el cuello y cuento unos 15-20 por detrás. Ya voy contento. No pierdo la cabeza por los que me han adelantado y sigo a mi ritmo. Al final salgo del agua en menos tiempo del que había previsto. Esta vez no ha sido como en Banyoles, se me ha hecho cortísimo.
Llego hasta la transición y empieza el festival. Intento quitarme la arena de los pies sin demasiado éxito. Me he traido un cubo para llenarlo de agua y remojarme antes de ponerme los calcetines pero voy tan justo que no me da tiempo a llenarlo. Con lo delicado que soy yo para llevar arena en los pies, y ahí estoy, con los pies rebozados y los calcetines por encima. Me pongo las zapatillas y veo que molestan los granitos pero no voy a estar allí toda la mañana para ir a lo fino. Que sea lo que tenga que ser y si molesta pues mala suerte. Al ponerme la camiseta se me hace un ovillo y me estoy como 20 segundos para deshacer la pelotera que se me ha liado en la espalda
Acabo, me pongo las gafas de sol, el casco y saco la bici. Cuando salgo de boxes y me monto en la bici me emociono un poquito. ¡Una cosa menos!
Nada más coger la bici veo que hay dos opciones para salir del paseo: bajando unos escalones o por una rampa en la que hay un ángulo recto y donde me voy a tener que bajar. Los dos que llevo al lado bajan los escalones. Yo pongo cara de espanto y tiro por la rampa (¡Globero’s power!). Salimos de la playa y entramos al pueblo. Los dos que llevaba delante se van por la derecha y cuando voy a seguirlos me dice un organizador que para la izquierda. Lo pienso y es correcto, es para la izquierda, pero ¿los otros dos a dónde cojones van?
Empieza la bici, En el tramo llano tenía pensado ir a 25 km/hora más o menos. Como no lo llevo no lo sé, pero diría que iba a 20-25. Ya en lo plano me pasan un par. Llega la primera subida y me lo tomo con calma. Veo que la subida es más larga de lo que pensaba, y más larga, y más larga, y más larga. Me cago en la ostia puta, ¿cuando coño acaba ésto? Pongo el molinillo (al loro, de 27 marchas, y no me sobra). Mucha gente se ha bajado ya de la bici y andando van casi al mismo ritmo que yo. Pero yo he venido a bajarme de la bici lo mínimo posible y eso hago. Cogemos pista y sigue subiendo el tema, y subiendo y subiendo. En el track decía que había 325 metros de desnivel positivo. A mí me parece que hay más, pero no cuestionaré yo algo que está medido con GPS. Teniendo en cuenta que para medir por GPS hace falta mandar una cosa al espacio, que da vueltas alrededor del planeta y no se cae, que es capaz de comunicarse con un cacharrito del tamaño de un paquete de tabaco que está a miles de kilómetros de distancia, aunque hayan nubes, nieve o granizo, como que no me parece ético que alguien como yo, con una etiqueta de anís del mono como máximo exponente de formación académica cuestione el sistema.
El caso es que se me hizo duro, muy duro. Ahora para la izquierda, ahora para la derecha, ahora para la izquierda, y todo el rato subida, cada vez con desniveles más pronunciados. Por la izquierda me pasa un tío respirando como si le hubieran quitado los pulmones y estuviera respirando con el páncreas. Una cosa muy extraña, pienso que se va a morir. Lo oigo ya de lejos y cuando pasa por mi lado veo que va más o menos al mismo ritmo que los demás. Tan sólo un poquito más rápido. Me pregunto si ese tío sabe que luego hay que correr 4 kilómetros y que si se reserva, podrá remontar lo mismo o más de lo que está remontando ahora, en la carrera a pie. Al final, cuando ya me ha superado, hasta gime. Que vamos todos rebentados, que yo lo entiendo, ¡pero si estamos callados no gimas tío!
Poco tiempo después veo un tío bajado de la bici, mirando al barranco con cara de estar descompuesto. Evidentemente, va a vaciarse por dentro, a darlo todo, claro. Empieza poco a poco, intentando evitarlo, pero por supuesto, al final se produce el momento fílmico tan recordado de “Este chico es un demonio”. No lo veo pero lo oigo. Entonces me alegro, no por su sufrimiento, sino porque soy bastante propenso para estas cosas y me doy cuenta en ese momento que estoy bien del estómago.
Cuando faltaban 50 m para coronar la subida por pista me tuerzo un poco y estoy a punto de darle al de la izquierda (otro, el que gemía ya iba la friolera de 5 metros adelantado). Pongo un pie en el suelo para no ostiarnos y acabo lo que me queda de subida empujando. Al llegar al tramo llano me vuelvo a subir. Veo entonces una bajada de unos 100 m y una subida de ídem, con un desnivel que me parece del 15%. Seguro que exagero, pero la ostia qué repechón… intento coger un poquito de velocidad en la bajada pero a mitad de la subida veo claro que eso no lo subo yo encima de la bici. No siento mucho dolor muscular, ni creo que vaya muy alto de pulsaciones. Pero es ver la cuesta y saber que no la subo, imposible. Me bajo y empujando la bici ya me cuesta la vida. Al llegar arriba me ofrecen agua en el avituallamiento y digo que no. Ya había ido bebiendo del bidón y me sentía hidratado.
Al fin empezaba la bajada, ¡qué alivio! Nada más comenzar la bajada un par de viejecillos nos tiran agua con las mangueras de sus casas. Estos se ve claramente que lo hacen porque disfrutan, no porque piensen en nuestro bienestar. Al pasar al segundo señor mayor con manguera de las que echan agua, me encuentro con una curva a la izquierda, bastante cerrada. Voy rápido por la parte interior y me encuentro un camino con mucha piedra suelta y muy seco. Freno y empiezo a derrapar, me ayudo del freno delantero pero sigo derrapando, y sigo y sigo y… ¡ZASCA! ostiazo del copón. Como mi cuerpo tenía todos sus recursos destinados a evitar los mayores daños posibles, no recuerdo como fue la caida. Pero tuvo que ser para grabarla. Hago una evaluación rápida de daños: manos llenas de arena y rascadas, rodilla izquierda sangrando, magulladuras y contusiones en general en las dos piernas y algo de escozor. Uno a mi derecha me pregunta: ¿estás bien? y pienso: mierda, ya me ha visto alguien. Miro la bici y parece que también está bien. Entre la caida y que iba echando el moquillo pienso en lo bien que me habría venido llevar un paquete de mocadores de papel. Pero no hay más remedio que hacer que cicatrice el tema con el aire. El que me había preguntado se mira la cuesta en la que me he estrellado con preocupación. Y no me extraña, está todo muy seco y con piedras sueltas, algo menos por el lado derecho, pero igualmente está bastante empinado el tema.
Me dice que cree que va a bajar andando como otro que va por delante. Le comento que a lo mejor yo también hago lo mismo - como para hacerse el chulo después de haberme estrellao -, todo esto mientras sigo evaluando daños. Al final, me espero a que baje andando un trozo para tener espacio y evitar accidentes, e intento subirme en la bici en plena bajada. Con dos cojones, aquí hemos venido a sufrir
al final, no sin dudas me subo y ya voy frenando con cuidado hasta abajo y sin más sustos. Pasamos a una zona mucho más ancha y relajada por la que se va muy bien. Llego a un punto en el que hay una X en el suelo, y ninguna indicación clara de por donde ir. Allí hay otro tío que me pregunta si sé por dónde se va. Le digo que ni puta idea. - Voy a ver si es por ahí, me dice. Me quedo quieto mirando al horizonte y al poco rato viene y me dice que sí que es por ahí. Menos mal, llego a ir solo en ese trozo y seguro que con lo mal que me oriento, no encuentro los boxes ni en dos días.
Lo sigo y entramos en un trozo muy estrecho y demasiado técnico para mí. Más o menos un metro de ancho, algo de eslálom, piedras grandes y soldadas al suelo y una mala caída por el lado derecho. En un tramo pedregoso veo que me estoy destrozando los brazos, las manos y las muñecas. Me doy cuenta de que se me ha atascado la horquilla aunque la llevo desbloqueada. De nuevo, juro en hebreo. Al final el suplicio acaba con un tobogán que va a dar a - por fin - terreno asfaltado. Empezamos a tirar un rato y volvemos a entrar en pista, esta vez mucho más suave. Con el que ha encontrado el camino antes, comento lo duro que se me está haciendo la bici y me dice lo mismo. Volvemos a salir a asfalto y reconozco el parking. ¡Ya estamos! Llego a boxes, dejo la bici y el casco, bebo algo y no veo por dónde tengo que salir. Voy pa un lao y veo que por ahí no es, voy para el otro lado y veo que tampoco. ¡Mierdaaaaaaaaaaaaaaaaa! al final me dice una mujer que puedo salir por un sitio y por ahí mismo que me voy.
Empiezo a correr con temor de como responderán las piernas. Que no están de acuerdo con lo que estoy haciendo queda claro en los primeros metros. Las noto muy cargadas y se quejan bastante. Creo que como yo, están jurando en hebreo, aunque no puedo estar seguro porque no hablo piérnico. Hasta el segundo kilometro camino un par de veces unos 10 metros para descansar un poco. Llego al kilómetro dos y como veo que los que llevo por detrás no me van a pillar, me bebo un vaso de agua tranquilito, y hago el camino de vuelta. Aquí acelero un poco y voy mejor. De pulsaciones voy bien, creo, pero las piernas están muy pesadas. Voy tirando con un poco más de ritmo pero sin estresarme mucho y adelanto a unos 5-6 corredores. Los saludo a todos pero alguno no puede ni mirarme de lo fundido que va. En realidad, tampoco sale de mí eso de saludar de forma innata, pero es algo bastante típico en el hippioso mundo del deporte.
Finalmente, veo la meta, y flipo. Por fin, otro sueño a la saca. Pensaba que haría 1h y 40′ en mi previsión más optimista y me ha ido mucho mejor.
Llego, saludo a mi público que me pregunta si me he caido con cara de preocupación. Voy a por un trozo de sandía y a por un bocata. Comento con otro la jugada y me voy a la playa a bañarme y a tomar el sol. Mientras estoy rascándome la barriga oigo el tiempo del primero: 51 minutos ¡ANIMAAAAAAAAAAALLLLL! pero qué bestia joder… de donde saldrán estos tíos.
Finalmente, y no sin dificultad para cambiar de marcha, llego a mi casa al mediodía, y antes de sentarme, introduzco en el horno la pizza de los domingos. Mientras se hace, me planteo ducharme pero no tengo fuerzas. Me pongo delante del ordenador a ver vídeos de buenafuente subidos por esa gran usuaria llamada globitodechicle.
La pizza se acaba de hacer y logro con mucho esfuerzo fregar un plato y la tijera de cortar. Ingiero los alimentos y consigo hacer un esfuerzo brutal para afeitarme, ducharme y quitarme las lentillas. Después, a las 18:00 me meto en la cama con la intención de echar una siesta hasta las 21:00. No soy capaz, y duermo toda la noche del tirón, sin cenar ni nada. Me levanto, y voy a trabajar con dolor en la rodilla y un cansancio muscular como no he tenido en mi vida.
Y a pesar de eso, ya estoy pensando en la próxima. No tengo tiempo para entrenar bien tres deportes, así que ya veremos cuando haré otro, si es que lo hago. Pero por lo que he disfrutado la experiencia, repetiría mañana mismo.







